Prevención del agotamiento psicológico

El entrenamiento deportivo, puede provocar fatiga y agotamiento, no sólo físico sino también psicológico, con efectos perjudiciales para el rendimiento y la salud de los deportistas.

La fatiga y el agotamiento físico, se producen por el exceso de carga de trabajo, en cambio, la fatiga y el agotamiento psicológico, pueden presentarse tanto por exceso como defecto; no sólo por la dimensión cuantitativa del volumen o la intensidad de los ejercicios del entrenamiento, sino también, por el componente cualitativo de sus contenidos más o menos motivantes o estresantes.

Puede ser que la fatiga y el agotamiento psicológico, coincidan con el físico, pero también que se produzcan en ausencia de indicadores de éstos; aunque en consecuencia se extenderá en su conjunto repercutiendo en su rendimiento físico y psicológico.

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Podría decirse que la pérdida de forma física podría haberse producido al no haber entrenado el deportista, pero esta hipótesis debe descartarse. Un ejemplo sería un jugador de cualquier ámbito donde su carga de trabajo es deficitaria tanto cualitativa como cuantitativamente. En primera instancia, porque no alcanza la cantidad mínima de trabajo que este jugador le gustaría afrontar; y en segunda, porque no es lo suficiente estimulante para él. Ambos déficits, provocan que el jugador perciba que su actividad no tiene el nivel de exigencia e interés que él desearía y, como consecuencia de ello, se aburre, se siente frustrado, y finalmente, se desilusiona y su funcionamiento psicológico empeora de manera significativa. En estas condiciones, cada vez le costará más cumplir con su cometido y su rendimiento deportivo disminuye considerablemente.

La fatiga y el agotamiento físico, pueden prevenirse distribuyendo, apropiadamente, el volumen y la intensidad del entrenamiento; es decir, las cargas de trabajo y los periodos de descanso a los que se somete a los deportistas, esta estimación deberá ser realizada por expertos.

Algunas medidas para evitarlo:

1. Plantear objetivos, que correspondan al interés y la disposición de los deportistas respecto a su actividad deportiva.

2. Plantear objetivos personales, para cada deportista, que sean atractivos y alcanzables, y cuya decisión se implique el propio deportista.

3. Controlar el nivel de novedad, dificultad, y exigencia de los contenidos del entrenamiento, considerando la capacidad física, técnica, táctica y psicológica de los deportistas.

4. Situar los contenidos más estresantes del entrenamiento, en periodos y días alejados de las competiciones más importantes.

5. Programar periodos de descanso psicológico, en los que los deportistas puedan recuperarse de su desgaste mental.

6. Incluir entrenamiento específico para que los deportistas dominen actividades psicológicas que les ayuden a controlar su motivación y manejar el estrés al que está sometidos.

7. Contemplar el trabajo psicológico “compensatorio”, para compensar el sobreesfuerzo mental de los deportistas en la actividad deportiva, y así puedan mantener un equilibrio emocional y rendir al máximo.

En definitiva, El entrenamiento deportivo, puede beneficiarse de la incorporación del concomimiento psicológico y mejorar el rendimiento del deportista.

Fuentes:

BUCETA, José María. Psicología del deporte entrenmiento deportivo. Dykinson-Psicología. 1998, págs. 46-82

 

 

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